miércoles, 14 de julio de 2010




EL PODER DE LA INTENCIÓN.-

El ser humano desde el inicio de los tiempos ha utilizado sus manos, su tacto para recibir y transmitir mensajes a través de la piel. Cuando nos hacemos daño o nos duele una parte de nuestro cuerpo instintivamente, sin pensarlo nos llevamos las manos a la zona afectada, nos consolamos aplicándonos nuestro propio tacto, nuestro calor, es un acto reflejo y lo utilizamos como medida de urgencia en primera instancia.

Cuando alguien cercano a nosotros siente una pena la mejor forma de transmitirle nuestro consuelo es por medio del tacto. Todos sabemos lo confortable que es cuando te sientes mal emocionalmente, cuando sientes una pena o una pérdida importantes que alguien cercano te dé un cálido abrazo. No son necesarias palabras para sentirte fusionado con esa persona si el abrazo es verdadero y esta hecho desde el corazón. ¿Porqué nos pasa esto?. ¿Cuál es el motivo por el que sin que nos digan tan siquiera una sola frase de consuelo nos sintamos aligerados en parte de esa penosa carga de desesperación?. El secreto está en la intención que pone la persona que nos abraza. Su intención es transmitir una oleada de buenos propósitos y sentimientos positivos, de compresión y entendimiento. “Estoy contigo. Empatizo con tu sentimiento. Aquí me tienes para lo que necesites. Al abrazarte contengo tu dolor con mi cuerpo. No estas solo”.

Estos podrían ser algunos de los pensamientos que fluyen de la persona que abraza en una situación parecida. Se produce una verdadera descarga de fluido energético que sale por los poros de nuestra piel para alojarse en el centro emocional del doliente. Cuando nuestro pequeño se queja la primera intención es acudir con nuestro tacto amoroso a palpar la parte aquejada, unas veces para calibrar la temperatura corporal del bebé, otras para evaluar los daños producidos tras una caída o un accidente doméstico, o también para masajear una zona dolorosa.

Besamos la piel de nuestro hijo cuando queremos sanar una zona afectada, le decimos que es para que cure más rápido, el mismo pequeño nos lo pide, y en ese acto va implícita una intención, no es sólo un trámite para calmar al niño, ni una frase hecha, sino que al besar la piel del pequeño ponemos todas nuestras energías en que realmente se cumplan nuestros deseos y esa personita tan querida deje de sufrir.

Cuando nuestro bebé tiene cólicos, frotamos suavemente en círculos la tripita del niño en un gesto ancestral. ¡En círculos y en el sentido de las agujas del reloj!. ¡BIEN POR LAS MAMÁS!. Gesto que se hace sin saber que con ello seguimos el trayecto del intestino grueso, del colon ascendente, transverso y descendente para facilitar la salida de gases y heces. ¡Que sabiduría la de nuestras abuelas!. Sin conocer nada de anatomía humana, sólo con la observación y la transmisión de madres a hijas hacían de forma instintiva un acto de prevención y curación en toda regla. Tal vez será por eso que en épocas pasadas tantas mujeres fueron quemadas en la hoguera de la Inquisición, por brujas, por ser conocedoras y transmisoras de secretos curativos, incomprensibles a las mentes temerosas y cerradas.

Transmitimos, ponemos intención en ello, buenos deseos, vibraciones positivas, energía sanadora, llamarle como queráis, este acto tiene muchos pseudónimos pero sólo una manera de llevarse a cabo. Con mucho amor. Somos tanto receptores de sensaciones dolorosas como dadores de mensajes energéticos y curativos. Escuchar con los oídos o con las manos, que más da. Si, nuestras manos pueden oír, poniendo nuestra intención en ello el cuerpo de nuestro paciente se abre al diálogo y al mismo tiempo él podrá escuchar en su organismo nuestro mensaje de respeto y comprensión. Esta ha de ser la base de todas las terapias manuales, se llamen Tacto Terapéutico, Reiki, Imposición de manos, podríamos agregar innumerables terapias. Incluso los resultados obtenidos siendo conscientes de nuestro propósito, de nuestra intención al realizar un Quiromasaje mejorarán, y diría que no sólo pasa esto en las terapias manuales, las cuales se realizan por contacto directo con el cuerpo del paciente.

También hay intención en el buen terapeuta homeópata o naturópata cuando prescribe un remedio, esta prescripción no esta hecha de forma intuitiva ni por azar, sino que es fruto de una entrevista exhaustiva y habiendo estado el terapeuta en una situación empática con su paciente. Existe una intención curativa del profesional y máximo respeto hacia el paciente al recetar un remedio, hay un convencimiento de que estamos en el buen camino de la curación, un propósito curativo que se transmite al paciente aunque no sea por medios físicos. ¿Que no podemos demostrar científicamente que esto sucede, ni podemos medir de ningún modo esta intención? ¿Que el mismo remedio dado por un terapeuta sin dicha intención haría el mismo efecto?. ¿Que un masaje de reflexoterapia cuando el terapeuta esta pensando en que hará el fin de semana tendrá el mismo resultado que si está centrado en la intención sanadora? Son cosas que verdaderamente no se pueden calibrar, pero si me dan a escoger prefiero el paquete completo con intención incluida, “ por si las moscas”.

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Artículo tomado de:

http://www.esencialia.com/terapias-corporales/el-poder-de-la-intencion.html

Autora: Elisabet Casellas.
Homeópata - Terapias Naturales.