jueves, 13 de febrero de 2014

 
 
Hechizo de Luna
 
Anoche, regresando de asistir a clase en la Universidad, mientras conducía hacia casa, a mi derecha estaba el mar. Era Luna llena en su plenitud y la Luna proyectaba su estela plateada y serena sobre las aguas. De pronto recordé otras noches, otras lunas llenas en Ibiza, Menorca y Mallorca donde residí hace unos años. Y la estela blanca y plateada me trasladó en el tiempo y en el espacio haciéndome sonreír.
 
Mis pies y mis manos no pudieron evitarlo e hicieron girar y aparcar el coche en un recodo del camino junto a la playa. Cerré las puertas, y me adentré caminando en la arena lo más cerca posible del agua.
La brisa era cálida, el mar estaba en calma y susurraba en su lenguaje cómplice.
 
Las estrellas brillaban nítidas sin obstáculos, el cielo era todo  en si mismo un espectáculo y, en ese escenario, inevitablemente hice mi petición secreta.
 
Sucedió como en aquella noche... Uno nunca está solo en Luna llena. La Luna hechiza y atrae a sus hijos.
 
Aquella noche en Ibiza, yo estaba sentada en una roca contemplando el mar y otra Luna llena... El mar acariciaba mis pensamientos cuando de pronto: vi acercarse un chico de mi edad en un Vespino, aparcó la moto a 20 metros de mi, y sin haberme visto, paró el motor y se quedó en silencio contemplando la Luna llena como yo.
 
No había nada que decir, las palabras sobran en los instantes mágicos y sagrados. Dos extraños sin hablar pero compartiendo el mismo cielo, el mismo mar y el mismo sentimiento hacia la inmensidad.
 
Anoche sucedió lo mismo: Nunca estamos solos, siempre hay alguien más que siente y piensa como nosotros y lo manifiesta. Cada Plenilunio la Luna hechiza y atrae a sus hijos.
 
Una amiga irlandesa me dijo al re-encontrarnos de nuevo después de muchos años: "No has cambiado nada. Sigues siendo la mujer Mística y Mágica que conocí en Londres".
 
(Maiga)