viernes, 11 de julio de 2014





LA MUJER LUNAR
Antiguamente, se contaban las lunas que los amantes pasaban en la danza de enamorarse hasta llegar a una intimidad corporal... Dos, tres, cuatro, doce lunas, ylas parejas gozaban de cada paso dado, cada nuevo roce, cada signo de apoyo, el aroma, los dones que el otro poseía.
Toda relación buscada ser sustentada en tres medicinas: respeto, confianza e intimidad.
El respeto a los orígenes, anhelos y la individualidad de la pareja daba paso a la confianza, segunda medicina, en que ambas partes reconocían saberse en seguridad total con el otro y fe de su palabra, actos y coherencia.
Una vez que estas dos medicinas esparcían su belleza en la relación, venía la tercera medicina: la intimidad, que significaba la posibilidad de mirar el interior del otro -conocer los deseos de su corazón, y ayudar a regar su tierra firme para verlos florecer y enraizarse.
Una vez sustentadas estas tres medicinas, el acto sexual, era ineludible, y se daba -idealmente- en total sacralidad y belleza; de esta manera, ambas partes de la relación hacían valer su derecho divino que la Madre Tierra ofrece a todas sus hijas e hijos: disfrutar el placer corporal sin culpa, miedo o dolor.

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