martes, 29 de junio de 2010



MUDRAS

¿Puede una determinada posición de las manos y dedos, extremadamente sencilla, transformar nuestras vidas? Este es el propósito de los "mudras", gestos sagrados de la tradición hindú y otras culturas que, empleados con habilidad y constancia, pueden ayudarnos a curar enfermedades, relajar nuestra mente e incrementar la vitalidad. Además, si se practican junto a alguna técnica de meditación, facilitarán el camino espiritual.

Cómo utilizar nuestras manos para potenciar las energías y la espiritualidad
Desde tiempos remotos, el hombre a utilizado el lenguaje gestual para enfatizar sus sentimientos. De hecho, un simple ademán puede reflejar nuestro estado de ánimo de manera más efectiva que un largo discurso. Gestos como los de aplaudir, estrechar la mano o alzar el pulgar impregnan nuestra vida cotidiana, pero la mayoría de nosotros desconocemos cual es su verdadero origen. Sin embargo, la importancia de este código no lingüistico es tal que forma parte de nuestras ceremonias más sagradas. Si observamos las manos del sacerdote durante la celebración de la misa, advertiremos como éstas adoptan determinadas posiciones en una clara invocación a Dios. Ritos y cultos de todas las épocas han incorporado los gestos a sus celebraciones. Pero quizá sea en el subcontinente indio donde esta singular coreografía alcanza su mayor desarrollo y complejidad.
Serenidad y constancia
Seguramente muchos de ustedes han observado que las representaciones de Buda éste adopta determinados gestos con las manos. A dichas posiciones se las denomina "mudras" -originariamente "sello", en sánscrito-. Pero, ¿en qué consisten?, ¿Cuál es su significado?
Se trata de gestos asociados a determinadas técnicas de meditación, especialmente a algunas clases de Yoga. Aunque estas posiciones pueden implicar a la totalidad del cuerpo, el concepto se ha popularizado en relación al uso exclusivo de las manos. En este sentido, su práctica consiste en ir uniendo los dedos entre sí de maneras muy diversas y ejercitando distintas presiones. Dichos movimientos permiten materializar ciertos estados o procesos de la conciencia. Pese a que no es necesaria mucha habilidad para efectuarlos, al estar asociados a técnicas de meditación se requiere serenidad, concentración y constancia. Así, si alguien necesita ser perdonado, repetirá con convencimiento el Varadra-Mudra -gesto de la concesión de un deseo o de la misericordia-. Y se dice que con el tiempo verá cumplido su objetivo. Pero los mudras no sólo afectan a determinados estados de nuestra mente o nuestro espíritu; también actúan a nivel físico. Por ejemplo, si usted tiene problemas hepáticos o estomacales podrá solucionarlos si practica el Mushtimudra (gesto del puño).
En resumen, mediante estas posiciones podemos canalizar la energía de nuestro cuerpo de manera eficaz. Y también facilitar la elevación del espíritu y la sanación tanto a nivel físico como emocional.

Origen incierto
Aunque su origen es incierto, es en la India donde parecen haber arraigado con más firmeza. Es frencuente observarlos en las representaciones de sus dioses; han sido popularizados a través de las danzas, en las que suponen un elemento indispensable de la coreografía teatral; se practican en los rituales del tantrismo y juegan un papel determinante en el budismo -donde itnen un sentido exclusivamente mágico y ritual-, a través del cual se conocen infinidad de mudras. Las imágenes más divulgadas del Gautama Buda suelen representar seis de los más celebres, aunque se cree que éste reveló otros 64.
Los yoguis conocían que, mediante determinadas posturas del cuerpo, se ponían de manifiesto muchos estados anímicos y que ciertos gestos influían de forma positiva sobre la mente.
El sistema médico de Ayurveda también los tiene en cuenta, recomendando su práctica a manera de estímulos energéticos.

Pero no sólo en la India podemos descubrirlos. En Japón, por ejemplo, fueron impulsados por el budismo en la escuela Shingon, que los denominó "In" (sello), aumentando el número de gestos en varios centenares. También surgieron en China -debido igualmente a la influencia budista- con el nombre de "Yin" (sello). En la actualidad, los mudras chinos están asociados a la práctica de las disciplinas de Qi Gong y Tai Chi.

No es casual que tanto japoneses como chinos tradujeran "mudra" por "sello", recuperando el significado originario que el término poseía en sánscrito antiguo: la acción y efecto de sellar. En este sentido, es fácil advertir el simbolismo que subyace tras algunos de nuestros gestos. Por ejemplo, cuando deseamos otorgar a una decisión un determinado peso o cuando alcanzamos un pacto con otra persona. Pero también podemos establecer acuerdos con nosotros mismos, nuestras fuerzas interiores y la Energía Universal o Cósmica. Y es ésta última la función más relevante de los mudras: conectarnos con la divinidad. Dicho simbolismo queda patente si observamos el gesto sagrado más conocido de esta tradición hindú: el chi-mudra: el dedo pulgar representa a la Conciencia Cósmica, en tanto que el índice simboliza la individual o humana.

Así se practican

Aunque como ya hemos mencionado esta práctica es relativamente sencilla, se requieren ciertas condiciones que hay que tener en cuenta.
En primer lugar, es preferible encontrar un sitio tranquilo, silencioso, donde nadie pueda molestarnos. Sin embargo, hay quien afirma que pueden prácticarse en cualquier lugar y situación, incluso en mitad de un atasco. De todos modos, recomendamos la primera opción, más apropiada para el recogimiento interior.

A continuación, nos sentaremos en una posición cómoda, sobre un cojín o con las piernas cruzadas. También podemos utilizar una silla, pero en este caso debemos procurar que el peso del cuerpo recaiga en ambos pies por igual. Es importante que mantengamos la espalda recta, pero sin forzar la postura. Debemos estar cómodos.
Aunque podemos practicar mudras siempre que sintamos la necesidad de hacerlo, hay momentos del día más propicios. Si, por ejemplo, el mudra elegido es para mejorar la meditación, la hora idónea es inmediatamente después de levantarnos o justo antes de irnos a dormir. Es importante no haber ingerido alimentos al menos durante las dos horas anteriores, ya que con el estómago lleno la energía tiende a concentrarse en el abdomen.

En cuanto a la frecuencia, no existen límites, pero para obtener mejores resultados es conveniente que la duración sea de unos tres minutos aproximadamente, practicando el mudra un par de veces al día. Sin embargo, cuando hayamos alcanzado cierto grado de experiencia, podemos aumentar estos tiempos. Si nuestra habilidad es media, cada uno puede ocuparnos diez minutos. Si es alta, treinta minutos como máximo.

Un componente muy importante asociado a esta técnica es la meditación. Si no tenemos experiencia en este sentido, basta con prestar atención a nuestra respiración. Hay que exhalar e inhalar muy lentamente por la nariz, concentrándonos en el recorrido del aire hacia el interior y el exterior de nuestro cuerpo. Es necesario que estemos plenamente relajados y que la consciencia de la respiración serene nuestros pensamientos.
Si nos enfrentamos por vez primera a la práctica de algún mudra, quizá notemos que nuestros dedos están rígidos y las manos se cansan con rapidez. De ahí que la concentración y la meditación sean necesarios para liberar tensiones que puedan restarnos movilidad.
Pero incluso los expertos pueden tener dificultades para desarrollar correctamente estos gestos terapéuticos. Una solución es colocar y sostener los dedos de una mano con la otra. Con el tiempo, iremos acostumbrando nuestros dedos y podremos practicar los mudras con ambas manos de forma independiente.

Es posible beneficiarnos de estos gestos tanto a nivel físico como emocional. En el primer caso, los que se utilizan contra determinadas enfermedades proceden de la meditación china y tienen su origen en la doctrina de los Cinco Elementos. Pueden usarse para curar dolencias crónicas, siendo necesario practicarlos con constancia y regularidad, durante algunas semanas o meses. Pero también sirven como remedios de urgencia; por ejemplo, en casos de ataques de ciática o incluso infartos.
En el ámbito anímico, su práctica puede entenderse como un verdadero entrenamiento mental, ya que el contacto entre las yemas de los dedos fluye de manera positiva sobre los fluidos cerebrales.

Restablecer la armonía
Para los sanadores indios -ayurvédicos-, las enfermedades constituyen la pérdida de la armonía en el organismo. La curación se produce cuando se restablece el equilibrio. Ellos comprobaron que las dolencias eran generadas por la conciencia y que ésta se manifiesta a través de cinco elementos básicos. Si cualquiera de dichos principios no está bien representado, tiene lugar una falta de armonía. El Ayurveda asigna a cada dedo su elemento correspondiente. También los chakras están presentes en nuestros dedos, aunque la asignación no es la misma en todas las escuelas de Yoga.


(Artículo publicado en Año/Cero nº 08-145).