miércoles, 17 de agosto de 2011





PROFECÍAS ACERCA DEL
COLAPSO FINANCIERO:

(1ª parte...)


Mirad la transformación de Gran Bretaña y lo que va a suceder en los próximos cinco años no como un desastre sino como una bendición. Compararlo con el nacimiento de un niño, que aunque es doloroso en el nivel físico trae nueva vida, nuevas expectativas y esperanzas. Lo que está experimentando ahora el país es una época de renacimiento. Por tanto, es una desgracia que en tal época Gran Bretaña haya decidido unirse en federación a los otros países de Europa. Como nación tiene libertad de elección y podrá hacer lo que quiera, pero al unirse a Europa ha retrasado el destino que tenía que cumplir. Acabará superando ese obstáculo y se liberará de esa federación, pues Gran Bretaña ha de desarrollarse primero individualmente, así como todos los otros países de Europa, antes de que puedan federarse en una auténtica Comunidad Europea.

En los años que van a venir veréis que el Mercado Común no es lo que pensabais, que los países individuales concernidos aún no han aprendido a sacrificarse y a colocar a los otros países delante, y que la motivación para entrar en esta unión no era la del sacrificio sino la del autoengrandecimiento. Ciertamente, la motivación de Gran Bretaña para entrar no era la de dar sino la de recibir, la de tratar de evitar lo que estaba escrito en el futuro económico del país. Sin embargo, a pesar de la unión que ha tenido lugar, Gran Bretaña no evitará un colapso económico. En Gran Bretaña hay un nivel de civilización, si así puedo llamarlo, que no tiene paralelo con el de ningún otro país. En todo el mundo se admiran los niveles británicos de justicia, compasión y tolerancia. Estas son algunas de sus cualidades inherentes que puede entregar al mundo, pero no podrá demostrar plenamente esas cualidades hasta que se haya armonizado a sí misma.

Actualmente, Gran Bretaña se está preparando para el futuro papel, y con ella se preparan también muchos niveles de conciencia por encima de lo físico. Los de la Jerarquía que están tratando de llevar a adelante el plan para esta Tierra se encuentran ahora muy cerca de Gran Bretaña. Se están manifestando muchos poderes en la superficie de este pequeño país. Se hallan presentes en un gran punto de poder: Glastonbury. En su mayor parte, el hombre de hoy no entiende el significado de este punto de poder. Intuitivamente reconoce la santidad de este lugar, pero no por lo que ha sucedido antes, por las leyendas, fábulas y cuentos, sino por lo que siente hoy. Siente el aura magnética de este lugar, y por eso vienen aquí los jóvenes de hoy, pues están sintiendo el poder que viene a través de este centro.

Algunos de vosotros sois conscientes de que dentro del cuerpo físico del hombre hay siete centros de poder, de energía cósmica, que son conocidos por chakras. Los países tienen chakras similares a los del hombre. Glastonbury es uno de los chakras de Gran Bretaña. Otros centros son Londres e Iona, y el resto podéis descubrirlo con vuestras propias investigaciones. Por medio de estos centros, los cuerpos espirituales superiores de la Tierra se manifiestan en el plano físico o material, y por medio del gran punto de poder de Glastonbury fluye, como ya dije antes, el poder del Espíritu Santo. Todos los que acuden a este lugar se están vinculando con esa energía, y por eso cuando se hayan ido, incluso aunque vivan en otros países, el vínculo etérico permanecerá, y en el momento adecuado, cuando el poder se incremento, cuando tenga lugar la transformación de esta Tierra, serán vitalizados por ese poder. Los que vengáis a Glastonbury, que es verdaderamente uno de los centros de peregrinación de quienes visitan puntos de poder, hacedlo no por la santidad de los hombres y mujeres que allí viven, no por los hechos que allí se han realizado, sino para vincularas vosotros mismos con esta fuente de energía y poder cósmico. Esta vinculación no es por el pasado sino para el futuro. Es para que se haga lo que tiene que hacerse.
Recordad, por tanto, que Gran Bretaña ha tenido un pasado glorioso y que es una tierra muy sagrada y santa. Verdaderamente, los ángeles han caminado y aún siguen caminando por la agradable y verde tierra de Inglaterra. En el futuro, Gran Bretaña jugará un papel que no tiene paralelo, y las gentes que habitan estas tierras tendrán que sufrir un período de transmutación, o transformación, para que en este cambio de la Tierra que ha de venir, en este renacimiento cataclísmico a finales de siglo, pueda estar preparada para cumplir el verdadero propósito de su ser: el lugar de descanso de la Luz Crística.

PROFECÍA

Uno de los muchos talentos que posee el hombre, y que es parte de su patrimonio inherente, es el don de la profecía. Aunque pocas personas poseen hoy ese don y pocas lo han tenido en el pasado, pertenece al patrimonio de la humanidad ser capaz de entender el significado del tiempo y, por tanto, conocer el futuro. Si repasáis la historia de las antiguas civilizaciones descubriréis que un profeta siempre era considerado con honor. En la antigüedad, el profeta de la corte era un personaje influyente, pero aunque hubo muchos profetas verdaderos también existieron numerosos charlatanes que abusaron de la confianza que la gente colocó en ellos y afirmaron falsamente que poseían poderes. Hoy, como en el pasado, hay entre vosotros profetas o adivinos, hombres con visión que pueden predecir lo que va a suceder.

Son numerosas las pruebas de la capacidad de profecía del hombre, en la Biblia y en otros muchos escritos. Estas testifican que el hombre ha predicho con precisión acontecimientos futuros. En el Antiguo Testamento los profetas predijeron que las murallas de Jericó caerían, que tendría lugar la enfermedad, la muerte y la destrucción de la ciudad. En el Nuevo Testamento, el Nazareno predijo su propia muerte e incluso que su discípulo Pedro lo traicionaría tres veces antes de que cantara el gallo. En el último libro de la Biblia, Juan predijo los acontecimientos que le sucederían, y siguen sucediendo, al mundo: el Apocalipsis. Uno de vuestros novelistas modernos, H. G. Weils, predijo con sorprendente precisión, mucho antes de que tuviera lugar, un viaje a la Luna y a otros planetas. Para cada una de esas personas que reciben la inspiración tiene que haber una fuente que corresponda a la evolución del alma receptora. Para que reconozcan el futuro, éste ha de estar presente en alguna forma.

Vuestro reconocimiento de la profecía, de su significado y propósito y, estrechamente asociado con ello, vuestro reconocimiento de la verdadera función del tiempo, variará de acuerdo con vuestro punto de conciencia. El hombre considera el tiempo como una constante determinada por la traslación de la Tierra alrededor del Sol. Sin embargo, algunos científicos, Einstein entre ellos, han empezado a arrojar una nueva luz sobre la dimensión del tiempo y han comenzado a sugerir que en realidad el tiempo no está tan fijado como el hombre lo pensaba. Sólo un alma extremadamente evolucionada podría reconocer la verdadera naturaleza del tiempo. Incluso un alma como la del Nazareno sólo estaría empezando a comprender su verdadera naturaleza, e incluso él sólo aplicaba su entendimiento de tiempo en tanto en cuanto su conciencia se lo permitía. Sólo un alma más evolucionada que la del Nazareno, sólo uno de los Doce Internos que habitan en el Sol, puede tener una auténtica comprensión del tiempo y, por tanto, una visión mayor de la creación.

Quizá podáis suponer a partir de lo que he dicho que el futuro está tan planificado como el pasado, que el hombre no tiene ninguna influencia sobre él, que el hombre es como una marioneta colocada sobre la Tierra cuyas cuerdas son controladas por un Poder mayor sólo como diversión, y que el hombre es en realidad una manchita infinitesimal sin consecuencias rodeada por fuerzas mayores sobre las que no tiene ningún control. Esa suposición es errónea. Fuisteis creados a imagen de vuestro Creador, y por tanto dentro de vuestro cuerpo físico, con el que habitáis hoy en la materia, tenéis el potencial de vuestro Creador. Si tratáis de limitamos, son vuestras propias limitaciones las que os imponéis, no las de vuestro creador. El hombre fue colocado sobre esta Tierra con el propósito de que evolucionar a su conciencia, y con ella la del planeta Tierra como totalidad. El propósito del hombre es, por tanto, doble: la evolución de sí mismo y la de su planeta, y desde ahí la del Cuerpo Solar, formando así una trinidad.

Para que la conciencia del hombre evolucionase hubo de concedérsele el don divino de la libre elección; pues ¿cómo iba a aprender si no podía elegir, si no podía optar por la luz frente a la oscuridad, si no podía aprender mediante la Ley de los Opuestos, mediante la experiencia de la alegría y la pena, el amor y el tedio, la salud y la enfermedad? Por eso, cuando hace eones de tiempo, en un cierto estadio del desarrollo de la Tierra, reencarnó el hombre, se le concedió la libre elección. Con el ejercicio de esta elección es capaz de influir en lo que ha de venir. Cuando los profetas de la antigüedad predijeron lo que iba a suceder, aunque se hallaban sintonizados con las Fuerzas Superiores, estaban utilizando también el conocimiento divino de la Humanidad que les permitía predecir el futuro con precisión. Entendían cómo pensaba y se comportaba el hombre y los esquemas y auras de la creación, lo que finalmente produciría los acontecimientos que ellos predijeron. El hombre puede, desde luego, cambiar, invalidando así sus predicciones, pues tiene libre elección; pero aquellos profetas, al reconocer su debilidad, pudieron ver que no cambiaría y que los acontecimientos predichos tendrían lugar realmente.
El Plan para esta Tierra es más complejo de lo que el hombre pueda soñar. Sólo se puede comparar al programa de un intrincado computador en el que se haya previsto la libre elección de toda la Humanidad. Si llevamos este enorme Plan al nivel individual y observamos vuestras vidas individuales en la Tierra, también éstas están planificadas: las personas que conocéis, los acontecimientos más importantes de vuestras vidas, los matrimonios, hijos, profesiones y el momento de la muerte. Todo eso está planificado, pero dentro de ese plan se prevé la libre elección que ejerceréis. Cuando se os plantea una alternativa, tenéis siempre libertad para elegir el camino que seguiréis, pero todos los caminos están acomodados dentro del complejo programa computarizado para vuestra vida.

Los grandes Maestros espirituales, almas de una conciencia evolucionada que vivieron sobre esta Tierra, han apreciado la estructura y propósito de la vida aquí y han sido capaces así, incluso sin inspiración de Arriba, de predecir con precisión cómo se producirían los acontecimientos de la vida.

A un hombre sabio no le resulta difícil entender que si los pueblos del mundo basan sus vidas en el materialismo, en el deseo de riqueza y posesiones personales, más pronto o más tarde surgirá un conflicto por la posesión de esas riquezas y posesiones. No le es difícil a un hombre sabio entender que cuando ciertos hombres son elevados al poder en un país particular -y recordad que reflejan los pensamientos de ese país-, el poder que ejerzan los elegidos causará determinados acontecimientos. Es tan cierto hoy como hace cinco mil años que la persona espiritualmente consciente profetizará que las nubes de pensamiento desarmonizado provocarán la cólera de la Naturaleza -pues recordad que los pensamientos del hombre se crean en los niveles superiores e inferiores de existencia alrededor de esta tierra - y que el desequilibrio que crea el hombre producirá inevitablemente otro desequilibrio en la Naturaleza. Por tanto, los profetas pueden predecir inundaciones, terremotos, hambres y pestilencias.

Los sabios de la antigüedad entendieron también el esquema de evolución cíclica de esta Tierra. Pudieron predecir el surgimiento y caída de las civilizaciones porque sabían que conforme cambiaran las Eras también lo harían los esquemas de vida de esta Tierra. Sabían que al principio de cada Era, en el alba de una nueva civilización, sería enviado un gran Maestro para enseñar y demostrar el Principio a esa Era, por lo que pudieron predecir la llegada del Maestro Jesús al igual que ahora pueden predecir para finales de este siglo el advenimiento del próximo gran Maestro.

Para ser profeta -y me refiero ahora a un profeta verdadero- no hace falta sólo una conciencia evolucionada, sino también una apreciación del verdadero propósito de esta Tierra, la naturaleza de su evolución, una comprensión de los esquemas de vida existentes en todos los niveles en ella y a su alrededor y una percepción de la naturaleza del hombre. Si poseéis ese conocimiento podréis profetizar de acuerdo con el nivel de vuestra conciencia. Podréis sentir lo que va a sucedemos a vosotros, a vuestra familia o a esta Tierra. Podréis predecir el ganador de una carrera de caballos, la muerte de un estadista e incluso el nacimiento de un niño, pues todo eso son extensiones del mismo don. Sólo estaréis sintonizando con las vibraciones que os rodean a vosotros y a esta Tierra.

El verdadero profeta reconoce que está presente el elemento de la elección, y que si la Humanidad cambiara transformaría lo que va a suceder. La precisión de la profecía se relaciona sólo con la predicibilidad de las acciones del hombre, pues normalmente se comportará de acuerdo con los esquemas de su desarrollo espiritual y los condicionamientos que le son impuestos por su entorno. El modo en que el hombre ha vivido en el pasado sienta las bases de su desarrollo futuro. Lo que el hombre ha hecho no puede deshacerse o destruirse: sólo transmutarse. Aunque al hombre le resulte difícil entenderlo, es cierto que los pecados de los padres son sufridos por los hijos hasta la tercera o cuarta generación.

Me pediréis que yo, desde mi punto de conciencia, vea el futuro de vuestro mundo en estos tiempos. No me es posible revelaros todo lo que veo, pues ésa es la responsabilidad de mi conciencia, pero puedo daros algunas indicaciones de lo que va a venir. Vivís en los momentos más críticos de la evolución de la Tierra.

Tanto los acontecimientos que están dentro del control del hombre, como los que no, llevan un renacimiento de la Tierra hacia el final de este siglo. Los Seres que controlan este planeta de acuerdo con las Leyes Cósmicas, que también ellos han de obedecer, han iniciado cambios para esta Tierra que producirán una transformación de su superficie y de la vida que hay en ella. Esto puede profetizarse con certeza; pero el hombre, que es un factor desconocido sobre la Tierra, es capaz de influir en la naturaleza de este cambio. Si viviera en armonía y aprendiera a sacrificarse, a poner a los otros antes que él, la gran transformación de la Tierra mientras pasa de una Era a otra podría llevarse a cabo con un mínimo de destrucción, no sólo de la Humanidad sino de la Tierra misma.

Pero si el hombre continúa por el mismo camino que lleva ahora, la destrucción será grande, pues su influencia reaccionará sobre las Fuerzas Naturales de esta Tierra y las nubes oscuras de la destrucción que el hombre mismo ha creado multiplicarán el efecto de la destrucción natural. Recordad que esa destrucción, que desde su punto de vista el hombre considera como una pérdida que tiene como finalidad la muerte y el desastre, es en realidad no una destrucción sino una transformación, una parte del Plan para la evolución de este planeta. Recordad que destruir no es erradicar, que destruir no es terminar, y que después de toda destrucción hay un renacimiento, un nuevo principio, y que algo mayor surge a menudo de las cenizas.

Cuando veo al hombre de hoy y al camino en que se encuentra puedo deciros que, a menos que cambie, en los próximos veinticinco años verá acontecimientos que no pudo imaginar. Habrá una gran destrucción. Habrá terremotos, lluvias e inundaciones, sequías, hambres y plagas. El esquema de la vida sobre esta Tierra cambiará más de lo que es posible comprender. Ahora, con lo que llamáis «crisis energética», podéis comenzar a anticipar el colapso del mundo tecnológico del hombre.

En cualquier caso, la Tierra no va a progresar del modo que imagina. Ha de producirse un cambio drástico en el equilibrio de la civilización. Las Grandes Potencias, como se llama a veces hoy en día a los países más importantes, dejarán de serlo. Habrá un igualitarismo del hombre en toda la Tierra, y pequeños países, como Inglaterra, revelarán cualidades, condiciones de vida, inteligencias y atributos físicos que los convertirán en salvadores del mundo. Las grandes empresas financieras se derrumbarán. Desaparecerá el valor del dinero, al que actualmente se le da tanto aprecio en esta Tierra, y ocupará su lugar un nuevo sistema de intercambio. Por las circunstancias de la vida, el hombre se verá obligado a comerciar con sus enemigos, a ayudarles, a tratar a todos los hombres corno iguales con independencia de sus razas, colores y credos.

Debido a la proximidad de esta gran transformación, hay ahora cerca de la Tierra muchos seres planetarios para servir de ayuda en este delicado proceso, pues, lógicamente, la transformación de una parte del Cuerpo Solar afecta a las otras partes. Esos seres planetarios, cuyo punto de evolución es superior al del hombre, han estado ayudando a la Tierra desde hace muchos años, pero en un futuro muy cercano se presentarán aquí. El hombre los reconocerá como los seres evolucionados que son, y se verá obligado a reconocer que en este Cuerpo Solar existen muchas formas de vida aparte de la suya. Ello producirá la destrucción de todas las religiones organizadas de la Tierra, y el hombre tendrá un nuevo y verdadero despertar al conocimiento de su Creador. Sin embargo, antes de que tal cosa se produzca se establecerá un medio de comunicación con los seres planetarios, pues el hombre no podrá aceptar su presencia si no ha sido preparado de antemano.

Actualmente, vuestra Tierra está amenazada por la guerra. La guerra no será abolida sobre la superficie de este planeta, pues las condiciones conducentes a ella son predominantes en todas partes y habrá guerras en el futuro. Estas guerras se producirán en diversos puntos del globo y no necesariamente, como pensaría el hombre, entre los grupos políticos existentes ahora. Habrá muchos sacrificios y un gran derramamiento de sangre antes de que el hombre entienda verdaderamente la futilidad de la guerra.

Va a producirse una gran revolución en el campo de la curación y la medicina. El camino actual de la investigación médica se diversificará y de ahí surgirá la verdadera inspiración. Se descubrirá la curación de muchas enfermedades que hoy no tienen solución. Aprenderá a curar el cáncer, la esclerosis múltiple y otras dolencias. Se aprenderá a entender la verdadera naturaleza de la enfermedad, y a partir de ahí se descubrirá la verdadera naturaleza de la curación.

Las organizaciones sociales y políticas van a sufrir un renacimiento en todos los aspectos. Entre los jóvenes de hoy hay almas de gran evolución, almas que han encarnado ahora en la Tierra con un propósito específico, y cuando lleguen a la madurez física tratarán de acabar con los modos establecidos por el hombre. Podéis ver ya esta tendencia en el mundo de hoy.

Como actualmente son jóvenes, por sus años físicos tienen poca influencia, pero en el futuro madurarán, se harán más sobrios y su importancia será decisiva. Entonces veréis que se produce una ruptura de la sociedad tal como existe hoy y un nuevo reconocimiento del valor de la Humanidad. Los viejos valores serán rechazados y de las cenizas de las antiguas organizaciones surgirá una nueva hermandad del hombre.
No es mi intención describir un cuadro sombrío para esta Tierra: simplemente predigo que va a haber grandes cambios. El hombre aún está a tiempo de evitar gran parte de la destrucción que va a producirse, pues si se transforma aceptará con mayor disposición los cambios que, lo quiera o no, va a haber. Pero al igual que los profetas de la antigüedad, sólo tengo que ver el modo en que se comporta el hombre para saber que mis profecías van a cumplirse. Me gustaría que no fuera así. Ruego con vosotros para que la transformación de la Tierra se produzca modo que debiera ser, pero viendo la conducta hombre sé que lo inevitable no puede dejar de suceder. Por tanto, cumpliendo con el verdadero propósito de un profeta, os digo estas cosas sólo para que os preparéis para lo que ha de venir.

Un profeta puede ser aceptado o ignorado. Debéis rechazar la profecía que se os hace si no podéis aceptarla en el fondo de vuestra propia conciencia. Esa elección es vuestro derecho. Pero si miráis al mundo de hoy, si pensáis en la historia pasada del hombre, si aceptáis el gran futuro planeado no sólo para esta Tierra sino para todo el Cuerpo Solar donde habitáis, si aceptáis la existencia de los Grandes Seres que controlan verdaderamente esta Tierra y vuestro Cuerpo solar, reconoceréis entonces que el cambio no sólo es deseable sino también inminente. Si aceptáis esto, meditaréis en lo que os he dicho y quizá comencéis a transformaros de modo que, como individuos, podáis evitar la destrucción que sufrirán muchos de vuestros semejantes. Donde haya luz, ésta será reconocida en la oscuridad; donde haya armonía no prevalecerá la desarmonía, y donde haya verdad no podrá haber mal. Por tanto, preparaos. Utilizad el don individual de la profecía, que todos poseéis, y dejad que la sabiduría de vuestro Creador ilumine vuestro camino hacia el futuro.